8 may 2018

Don Noce


Don Noce es un jubilado que tiene su ranchito cerca del barrio obrero de Laguna Paiva, buen levitador, bastante ágil a pesar de su edad (es difícil calcularlo, pero nadie duda de que el viejo ya es centenario). Soltero y cascarrabias, muchos lo tildan de lunático, a lo que él contribuye con su aspecto estrafalario: lleva una barba blanca de años y una colita de canas trenzadas que le brota en la nuca, desde donde termina la pelada. Aún viste el último mameluco que le proveyeron a fines de los setenta en el taller ferroviario (donde fue oficial carpintero), hay que decir que bastante rotoso y mugriento.

En la zona del puerto viene armando desde hace casi dos décadas una canoa inmensa, de  unos 120 metros o más de eslora. Todo trabajo a pulmón, en solitario, con madera de pino Elliotis. Un día de viento norte muy fuerte levitó tan alto que se perdió de vista entre las nubes, y apareció recién a la semana,  apenas Sturzenegger anunciaba lo del megacanje. Cuando aterrizó en el balneario, repetía como afiebrado:  "esto se va todo al carajo, hay que hacer algo". El día que Cavallo decretó el corralito, el viejo ya estaba armando la quilla.

Los paiveros que solían pasear los domingos por el puerto, veían asombrados como don Noce seguía incansable con su trabajo inútil. En el 2010 vinieron unos muchachos del canal Encuentro, con la intención de filmar un documental para la serie “Los locos nuestros”, pero no tuvieron éxito, porque Don Noce siempre se ha negado a hacer declaraciones a la prensa.  

A mediados de marzo dio la impresión de que Don Noce terminó de calafatear y pintar la embarcación, y desde entonces se dedicó al acopio de las mercaderías que le acercan los muchachos del Supermercado Apolo 11 y, curiosamente, también de la forrajería “El chancho rengo”.


Primero llegaron los flamencos a la laguna, y después fueron apareciendo  loros, cacatúas,  monos, carpinchos, yacarés, ornitorrincos, osos polares, pingüinos, rinocerontes, dragones de Komodo y demonios de Tasmania. La gente murmura y consulta a las curanderas. El cura  aconseja no atender a los misioneros brasileros ni a los norteamericanos que recorren los barrios de a pares. El ministerio de Seguridad de la Nación anuncia un aumento de los patrullajes de la prefectura cuando pase el mal tiempo.

Desde hace dos semanas que no deja de llover, y continúan apareciendo animales extraños en el camino que lleva al puerto.  Los meteorólogos hablan de un nuevo  fenómeno climático, al que han bautizado como el de “Los Niños Quintillizos”. Ayer por la tarde llegó desde San Nicolás una combi con un contingente de veinteañeras muy agraciadas (tres rubias, cuatro morochitas, una colorada, dos gorditas muy simpáticas, cinco asiáticas, en total unas diecisiete), que se dirigieron  directamente al muelle, donde se embarcaron, dicharacheras, con Don Noce, cantando y bailando una cumbia de Los Palmeras (La suavecita). Se lo vió contento al viejo, afeitado y con uniforme de almirante, cuando soltó amarras.

Zarparon con rumbo desconocido. Una hora más tarde, la municipalidad decretó el estado de alerta y puso en marcha el plan de contingencia.

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