Esta antología convocada por la Conspiración de los Fuleros incluye mi cuento "Un reconstructor atípico".
“Creadas por la pluma fantástica de los grandes escritores, las Ciudades Imaginarias solo existen bajo los párpados cerrados o se reflejan en las pupilas alucinadas de sus personajes, rasgo este que las hermana con los sueños, el delirio o la fiebre. En esta oportunidad numerosos autores connacionales se han propuesto conjeturar cómo serían estos lugares que no figuran en los mapas acreditados, ni en las enciclopedias, pero que sin embargo cobran vida en sus relatos y se perpetúan en nuestra memoria. Estas ciudades son obras de la ilusión o del ensueño, y no siguen un patrón establecido, ni siquiera tienden a respetar las leyes físicas. Algunas son solo materia surrealista. Ahora podemos disfrutar de estas visiones, de estas arquitecturas no tan imposibles, y seguramente nos quedará la inquietud, o la sospecha, de haber visitado alguna de ellas”.
Así comienza el cuento:
"La belleza de la violencia está vedada para Mildiez. Confinado en las catacumbas durante los enfrentamientos, no puede apreciar los chispazos iridiscentes en las alas de los dragones, ni admirar la precisión aniquiladora de sus llamaradas azules. No se alegra con cada lanzazo incrustado en las fauces humeantes, ni cuando las espadas perforan corazones y los borbotones rojos salpican los techos. No se asombra con las armaduras extravagantes de los soldados, ni de su destreza, ni por el diseño de los escudos y estandartes. Nunca llora los muertos ni por el desmoronamiento de las torres hacia los acantilados. Ni siquiera por las derrotas.
En apariencia, Mildiez es un reconstructor vulgar: otro obrero prescindible. Pero deberíamos percatarnos de la sutil característica que lo distingue: él no hiberna —porque los Perfectos, indiferentes a la exégesis, así lo han determinado—. Con el multiplicado transcurrir de los ciclos ha desarrollado un gozo inverso al de los épicos defensores de la ciudad: en la oscuridad ensoñadora, él anhela las jornadas en las que el cielo se pinta con azules matinales y desaparecen las nubes violetas, cuando las alturas no son cruzadas por aviones, misiles ni monstruos voladores, sino por parsimoniosos seres alados, adornos policromáticos que entretienen las temporadas en las que los reconstructores trabajan."
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